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Lo que más importa.

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Y entonces lo descubrí. Creo que ya sé, después de haber escrito mucho, de hacer bastantes borradores y de tener ideas desordenadas, qué es lo más importante a nivel de salud mental, y cuál ha sido la lección más importante que refresco con cada experiencia. Lo importante es estar. Es valorar. Es amar. Suena absolutamente trillado, lo sé. Con esto no estoy demeritando el trabajo de profesionales de salud mental, yo soy una profesional de salud mental. No estoy minimizando la importancia del tratamiento en sus inmensas variaciones: farmacológico, nutricional, religioso/espiritual, ejercicio, ocupaciones, buen descanso, etc Pero, ¿cuántas veces el primer grito de ayuda, cuántas veces el primer paso que da la gente es hablarle a su mejor amigo, a su hermano, a su primo, a su padre, diciéndole que algo no está bien? Y, ¿cuántas miles de veces más esos llamados son ignorados por esa persona por cuestiones de tiempo, de disponibilidad o de simple interés? Si, es difícil. Y si, es comp...

Too functional to have a mental health condition.

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On behalf of  mental health  patients to the world: Hello there. Hope you are having a lovely day. So here’s the deal: where do you draw the line? And who chooses to draw that line? I’m talking about the fact that people, you people, are never satisfied with us. Either you are way too functional, and you don’t fit in the stereotype of what someone with  depression , anxiety,  eating disorders , bipolars,  schizophrenia  or whatever, should look like; or you are way too symptomatic, which makes people treat you like they would treat an stereotyped mental health patient, with all the stigma included. And it’s got me thinking. What do you people want from us? Because yes, we are far beyond our diagnosis. We aren’t just a label, neither a disease. But yes, it’s also true that we can’t deny a condition that we have. And we shouldn’t, because mostly we tend to do so to avoid being rejected or made fun of. And because let’s be honest, it’s no ones dream to g...

A Nacho, mi amigo fiel.

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En la foto estoy yo, de unos 10 años o algo así, con mi primer perro llamado Nacho. Hoy, Nacho cumple 4 años de muerto, así que escribiré sobre él. Para las personas que nunca tuvieron o han tenido una mascota les puede parecer ridículo dedicarle algo como una entrada en un blog, o el tiempo que me demoro escribiendo, o las neuronas que quemo haciéndolo, a un perro. A esas personas les digo, que nunca han tenido una mascota entonces no saben de lo que hablan. Toda mi vida quise un perro, todos los años lo pedía en la carta al niño Dios en Navidad (el equivalente al que trae los regalos pero en Colombia) un perro. Mi hermano quería también un perro y era de las cosas que más felices nos hacía: pensar en tener un perro. Tuvimos pericos, canarios, peces, tortugas, pero nada. Queríamos un perro. Recuerdo mucho cuando mis papás nos iban a contar que iríamos a vivir a España por un tiempo largo, hicieron una salida a comer sorpresa. Yo sospechaba algo extraño (No es por dármelas, sino...

Yes. I take psychiatric medications, so what?

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Let’s go back to my first psychiatric appointment, in which I was diagnosed with   depression . 2011. I recall it like it was yesterday, and one of the things I remember the most was the horrific ideals that surrounded the fact that since that day, I was supposed to take medication. Psychiatric medication. I remembered all of the following new year wishes, shooting stars and blowing up birthday candles to be directed towards that: Not taking medication again. Ever. Why? Because I was told, and even the ones that didn’t told me directly let me know by their attitude,   that when I stopped medication I would be fine. That would be the day I was cured. That would be MY day. And even if that’s correct for a number of people in the  mental health  patient population, who only need medication partially until they’re stable, there’s me. And like me, there’s millions out there. We, the misfits and outcasts, who are tired because we’ve finally learned the lesson: we’ll al...

Siendo responsable por su salud mental.

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Vamos a hablar como adultos, entre adultos. Hace unos días me hicieron caer en cuenta de lo que implica lidiar con adultos, siendo la primera palabra relacionada a esto el respeto. Partir de la base de que se está tratando con adultos (Y juro que tiene que ver con salud mental) es entender que el otro está en plena libertad de actuar como está actuando, uno respetando eso a no ser de que se metan con algún principio o derecho fundamental. Pero es ver más allá del dolor y el egoísmo y entender que cuando una persona se quiere ir, se va libremente de nuestras vidas, que si está presente lo hace con la plena consciencia de querer hacerlo y el deseo. Y duele, duele como un carajo especialmente cuando la otra persona actúa de maneras en que queremos abrirle el cerebro y ver qué es lo que está pasando, reprogramar y hacer que actúen como nosotros queremos. Porque en algún punto, todos hemos pataleado en charcos mientras refutamos porque así no se supone que terminaría ese amor eterno, esa...

Mental health writing.

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  A couple of days ago, while I was talking to some friends, the topic of being a mental health writer came up. And after that, it remained on my head as I stood there thinking about what it meant to be a writer on this time and day. I've gotten to some libraries before and purchased Carrie Fisher's book, The Princess Diarist, as I admire her for the job she did as a mental health advocate and writer. She was a human who did so much, who made so much, and still, I believe she never truly realized the impact she had. Because you stand here, or on paper, or in a conference, or in a conversation, and come clean. And describe all your symptoms and the ways you've found to survive, the ways you've managed to stay on float. But you never know, you truly never get to see if it impacts one human, or 10, or 80, or if it's just your private personal way of trying to survive through writing.  You never know if you are getting to people you'll probably never, ever meet...

2017.

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Me siento a escribir esto en aquella ciudad en la que todo el mundo piensa cuando habla de año nuevo: Nueva York. Me siento a escribirlo con muchas razones que casi impidieron que viniera y con otras que aún estando acá hacen que cuestione porqué carajos estoy acá, pero con aún más que reafirman que estoy donde debo estar. Me siento a escribirlo el penúltimo día del año, viendo Facebook e Instagram llenos de la irónica frustración entre risas que da tantas supuestas metas para el año que acaba que no se cumplieron, y con otra lista gigante de aquellas que se suman y se prometen para este nuevo año. Y pienso en lo que es todo esto, y concluyo que es todos queremos desesperadamente una oportunidad para empezar de cero. Todos necesitamos y queremos y deseamos y añoramos y demás, la oportunidad de cerrar ciclos y comenzar otros. Porque todo comienzo nuevo es mejor, dicen, y porque no se puede ir por la vida con ciclos abiertos. Me acuerdo entonces de una frase que oí alguna vez, que d...